

Los teléfonos celulares. Estos pequeños artilugios producto del vertiginoso avance de la tecnología se han convertido en una extensión de nuestro cuerpo por ser útiles, cómodos y cumplir con todas las funciones de un computador. No pienso enfrentarme a la barra brava que defiende al
BlackBerry a capa y espada, mucho menos a los fundamentalistas que dan la vida por el
iPhone . Ese debate entre ejecutivos maniáticos del trabajo Vs. amantes de la estética ha quedado en el pasado.
No importa a qué te dediques, cualquiera que sea la marca de tu móvil, estoy seguro que tiene cámara y ahí está el detalle, como decía Cantinflas.
La tecnología nos ha hecho mucho daño. Cada vez que voy a un concierto me veo rodeado de un mar de lucecitas, mientras decenas de miles de personas miran como
zombies el show a través de la minúscula pantalla de sus teléfonos para grabar la presentación que horas más tarde colgarán en youtube.
Dicen que sacarse una foto con el celular junto a tu artista favorito es el autógrafo del siglo XXI, pero pasar dos horas pegado observando una pequeña pantalla en vez de disfrutar del momento es una estupidez olímpica. Entiendo que las redes sociales han creado esa falsa necesidad de compartir todo lo que hacemos con esos dos mil amigos que aún no conocemos, pero debemos preocuparnos por vivir primero ¿no creen? Soy una victima confesa del Facebook, del Twitter y del teléfono que “une a quienes están lejos, y aleja a quienes están cerca”, pero cuando estoy frente a una banda prefiero disfrutar del espectáculo –mas aún si pagué por la entrada- . Si quieren grabar una canción, pues háganlo, pero no malgasten tan preciados minutos idiotizados ante un montón de pixeles, como diría Clooney en la película
Up In The Air “Las fotografías son para quienes no tienen memoria”, supongo que aplica lo mismo para los videos. Además, siempre habrá alguien que los grabe por ustedes.