
Después de pasar seis días levantándome tarde; comprando café en Starbucks (White Chocolate Mocca); montado de tren en tren; practicando mi inglés que parece de la “Misión Imperialista”; gastando mi cupo de cadivi y horas en tiendas que encandilan con sus luces que anuncian la llegada de la navidad (época que cabe destacar detesto y me convierto en el Grinch); comiendo porquerías y engordando (con razón todos los gringos son del tamaño de Shaquille); riéndome y absorbiendo los acentos de mis compañeros de viaje: “Lil’M”; el pinche cabrón del Julian, quien como buen mexicano chingón que es… ama a zoé; el anti-imperialista catalán del Domingo, quien después de pasar un tiempo con nosotros se convirtió en otro consumista: y “joder tío, que no podéis dejar por fuera a la Lucia”.

Seis dìas que aunque se dice rápido y parece muy poco, me sirvió para conocer el Millenium Park; el Wrigley Field (casa de los Cachorros de Chicago); el United Center (casa de los Chicago Bulls) y su estatua de Michael Jordan; el Art Institute con sus obras de Renoir, Matisse, Picasso, Cezanne, etc; El Navy Pear; The Hancock Tower, una de las más altas e impresionantes del mundo; la torre Sears, The Michigan Avenue (una enfermedad de avenida en la que los venezolanos sufrimos con nuestro cupo limitado de dólares). Además de por supuesto ir a una discoteca llamada “BUZZ”, en la que ponían reggaeton y estaba repleta de cholos y Daddy Yankees; “Duffys” un local en donde un grupo vestido de NERDS toca los temas de la hora loca americana y la cerveza vale tan sólo un dólar; Level, el clásico club gringo (con mamis que se parecen a Britney en sus buenos tiempos como la que ven en la foto); a un barcito típico de Blues, en el que van a tocar artistas undergrund que han dedicado su vida a la música e interpretan con un sentimiento que es indescriptible; y finalmente a The Underground, un club que es visitado por figuras con problemas de cash como lo son: John Mayer, Kanye West, Jeremy Piven, Dj AM, Common, etc. Y en el que pareciera que hacen casting en la puerta para poder pasar… pura buena música hip hop remezclada, en un entorno que te hace pensar que estás dentro de una base militar.

Después de seis días de vivir en un país civilizado, utilizando el transporte público, caminando a altas horas de la noche por la calle, y compartiendo con nuevos amigos… regreso a Venezuela a pasar arrecheras con la reforma, pero afortunadamente tengo mi trabajo… Por cierto estuvo muy bien el regreso y la transferencia en Atlanta en la que perdí todos los posters que compré (Warhol, Los Beatles, Hendrix, etc) gracias al strees generado por una conexión retrasada que no sólo me hizo pasar un mal rato, sino que también dejé mi bording pass… coño un desastre!!!! Ya me puse de mal humor!!!.






